
En mi opinión, los dibujos nunca debieron haber sido publicados en la prensa. Los medios no pueden burlarse, ni tampoco les está permitido herir los sentimientos religiosos de los fieles, sean cristianos, judíos, musulmanes, budistas, etcétera.
Los medios europeos han apelado a la libertad de prensa que -según ellos- sería ilimitada. Sin embargo, me parece que, como dijo la canciller alemana Angela Merkel, la libertad de prensa es un componente indispensable de la democracia y también la religión es un bien muy alto.
Los alcances de la representación gráfica y satírica del Profeta -a quien, de acuerdo al Islam, no está permitido dibujar-, no pueden haber pasado desapercibidos a los ojos de los periodistas de Jyllands Posten y de los demás medios europeos que reprodujeron las caricaturas.
Es más, según algunos, Jyllands Posten -que se disculpó, a mi modo de ver, sin muchas ganas y con más ánimo de justificación- tuvo una intención política clara.
En Politiken de Kopenhagen se leía el 2 de febrero que el deseo de integrar a los musulmanes a través de su ridiculización no fue una apreciación errónea de la realidad meramente casual. Fue más bien un riesgo periodístico en el ambiente muy viciado de lo que se denomina la discusión danesa sobre los extranjeros.
Distinta habría sido la reproducción de algunas de las caricaturas con fines informativos. La publicación de todos los dibujos es también un tema problemático, pues sobrepasa la eventual finalidad meramente informativa.
Es evidente que la reacción de algunos sectores dentro del mundo árabe dista mucho de una suerte de protesta pacífica: quemar embajadas, matar a cristianos en las Filipinas, secuestrar ciudadanos de los países cuyos diarios reprodujeron los mentados dibujos es altamente condenable.
Como aclaró el Vaticano el sábado pasado, las ofensas causadas por un individuo o por un órgano de prensa no pueden ser imputadas a las instituciones públicas del país correspondiente, ni tampoco a los individuos del país en cuestión. De ninguna manera se puede recurrir a la responsabilidad colectiva.
Si alguien hubiese escuchado las voces que, de uno y otro lado, llamaban a la moderación y a no intentar apagar el incendio con la manguera de la bencina, todo habría sido distinto.
Sin embargo, todavía estamos a tiempo. El ex-premier sueco Carl Bildt asegura que aún se puede sacar algo bueno de esto: los musulmanes, pueden comprender algo más sobre la libertad de prensa irrestricta que impera en Europa occidental y nosotros, a comprender y respetar la sensibilidad y la sabiduría religiosa de otros pueblos.