7.23.2007

El Mundial de fútbol y el baby-boom

Queridos amigos: me publicaron hoy la columna que, según mis cálculos, debía salir mañana en el diario.

La coloco ahora aquí y les agradezco sus comentarios en el mismo foro del diario.

Uno de los problemas más graves que sufren las “naciones industrializadas” es la llamada implosión demográfica. Que es, como se pueden imaginar, lo contrario a la explosión demográfica, tan temida hace tan sólo unas décadas, gracias, entre otras cosas, a la abundante propaganda tremendista del Club de Roma y a algunas organizaciones internacionales pagadas con los impuestos de los ciudadanos de todo el mundo, además de las cuantiosas contribuciones de los “países ricos”.

No se puede negar que estos maltusianos y neo-maltusianos tenían una intención muy buena: salvar a la humanidad, no dudo de su rectitud de intención; sin embargo, se equivocaron, tanto en sus pronósticos, como en la política que ellos aconsejaron y se ha implementado en el mundo entero conviertiéndose en una realidad deletérea para los pueblos que los han escuchado.

Así es, en los años '60 se temía que la población creciera y que lo hiciera desmesuradamente. Por el contrario, actualmente, en Europa desarrollada y no desarrollada, en Occidente y en Oriente, la población, no sólo no crece, sino que disminuye. Sí, en Europa y en los países industrializados (salvo Estados Unidos, gracias a la inmigración), no sólo hemos llegado al crecimiento cero, sino que estamos decreciendo, o, como también se denomina, implosionamos.

Esto trae consigo un sinnúmero de consecuencias económicas sumamente negativas. Surjen entonces interrogantes tales como: quién paga las pensiones y jubilaciones si el segmento activo disminuye progresivamente, qué hacer con las ciudades y las regiones despobladas o bien, cómo impedir que el crecimiento económico sea menor del que lograríamos si no disminuyera la población.

Durante decenios se pensó que, si la torta se repartía entre más personas, el trozo de cada invitado, sería mayor. Pero nos olvidamos que, para producir la torta, se requieren cocineros y que, mientras menos cocineros, menor será la torta. En otras palabras, el ser humano, no sólo consume (lo que ya en sí es bueno y no como piensan quienes sostienen que todo consumo es malo) sino que también produce.

Por tal razón, una noticia mínima, como la que dió a conocer la Oficina federal de estadísticas alemana, ocupó la primera página de los grandes diarios (pequeña, no es el titular del día, pero sí se ganó un lugar destacado en la portada) y ha merecido además comentarios editoriales.

La información oficial es bastante escueta: “En el primer trimestre del 2007: los nacimientos aumentaron mínimamente”.

El número de nacidos vivos en el primer trimestre del 2007, fue de 149.300 niños, que corresponde a un 0,4% más que el año anterior, en que se llegó a los 148.700. Advierten los encargados de las estadísticas que este es un aumento mínimo, de manera que no se puede cantar victoria. Para colmo de males, las cifras indican que 76.700 son varones y sólo 72.600, niñas.

La pregunta decisiva es ¿cómo se explica este aumento de un 0,4% de los nacimientos?

Recurrir al expediente de los inmigrantes es muy cómodo, pero probablemente no es la explicación más adecuada. Generalmente y de acuerdo a los estudios, al menos en un segundo momento, los inmigrantes, acomodan su comportamiento demográfico al del país receptor, en otras palabras, tienen tan pocos hijos como si fuesen alemes desde generaciones.

No, las explicaciones a las que se recurre dicen relación con fenómenos recientes y que han elevado la confianza en el futuro (y la autoestima) de la población: 1) el Mundial de fútbol; 2) el repunte económico, fruto de: a) las medidas de liberalización implementadas por el gobierno de los socialdemócratas y de los verdes, encabezado por Schröder, acusado por ello, de ser neoliberal; b) del efecto Merkel, que aumentó la confianza de la población -y de los inversionistas extranjeros- y c) la buena situación económica internacional (lo que es muy importante para Alemania como exportador número 1 del mundo) y 3) el dinero estatal para los padres.

Pienso que es muy pronto aún para medir los efectos de esta última medida gubernamental que empezó recién el 1° de enero de este año. Y menos aún para considerar los eventuales efectos de la promesa de las salas-cuna, inexistentes para menores de tres años en el occidente del país (en el Este, las hay en demasía, lo que no hay son niños). Me inclino a pensar que no son decisivas.

Más decisivo fue el Mundial y es la mejoría económica. El primero ya pasó; me pregunto cuánto durará la segunda.

En suma, de ninguna manera se puede hablar de un babyboom: es sólo una oscilación de un 0,4% que, como advierten los expertos, bien puede deberse a una casualidad... Habrá que seguir analizando las estadísticas.

La implosión demográfica, el consiguiente envejecimiento de la población y el posterior despoblamiento son fenómenos muy difíciles de detener... intentarlo resulta además muy caro. Alemania es, después de Luxemburgo, el país del mundo que más dinero da “por hijo” y miren como estamos, indudablemente no es un ejemplo a imitar...


La columna es:

El Mundial de fútbol y el baby-boom

2 comentarios:

http://elbarbohemio.blogspot.com dijo...

Marta eres increible como le haces para publicar tanto?? woao eres una mujer inteligente!!! te felicito!!!Lei la columna El Mundial de fútbol y el baby-boom. Interesante.
siempre sera muy grato para mi leer tus post.

http://elbarbohemio.blogspot.com dijo...

saludos!!! en contacto.
dereck